Gobernanza en un destino turístico inteligente: juntos, más inteligentes

Es indiscutible que la transversalidad del turismo exige de la máxima coordinación y consenso de las medidas que se lleven a cabo en un destino turístico. Esta realidad no es menos cierta en el modelo de Destino Turístico Inteligente definido por SEGITTUR, tal y como le fue encomendado en el Plan Nacional e Integral de Turismo y el Plan Nacional de Ciudades Inteligentes. Este modelo recoge los requisitos mínimos exigibles a un destino articulados en cuatro ejes de actuación: accesibilidad, innovación, sostenibilidad y tecnología. Junto a estos ejes clave, es imprescindible que el gobierno local tenga capacidad para generar confianza y gestionar los bienes públicos con legitimidad (gobernabilidad) y que sea capaz de gobernar con la máxima participación de actores estratégicos, como pueden ser administraciones de otros niveles territoriales, sector privado, sociedad receptora y turistas. Esta máxima participación en el gobierno del destino no es más que la idea de gobernanza turística. Otra definición del término gobernanza aplicada a los destinos la encontramos en la reflexión que María Velasco hace en su trabajo “Gestión de destinos: ¿Gobernabilidad del turismo o gobernanza del destino?”, en la que defiende que ésta debe ser entendida como los “procesos de decisión público-privados que van a mejorar la gestión de los conflictos que inevitablemente provoca la actividad en el destino”.

Desde las primeras apariciones del término gobernanza para aludir a una nueva forma de gestión pública, raro es el plan estratégico o programa turístico que no haga mención a ella. El concepto está en boga y la teoría la conocemos todos, pero ¿qué sucede en realidad? En ocasiones estanqueidad, hermetismo, cortoplacismo, intereses contrapuestos, conflictos sociales sin resolver y el destino “sin barrer”. Afortunadamente, cada vez son más los destinos convencidos de la necesidad de aunar voces, sumar recursos y planificar de forma consensuada con un horizonte a largo plazo. Esta necesidad es, si cabe, más plausible en el caso de destinos locales dadas las limitaciones y problemáticas de la gestión turística local, que son, entre otras, la falta de recursos y competencias en la materia.

El modelo de Destino Turístico Inteligente tiene su foco en el entorno local, así, el papel del ente gestor de un destino, ya sea en un municipio, provincia, comarca, mancomunidad o cualquier otra forma de entidad local, será clave en el desarrollo turístico en su espacio territorial. Sin embargo, el éxito de un plan de conversión de un destino dependerá del compromiso y visión unívoca que de él tenga el conjunto de actores implicados. Es por ello que la metodología de evaluación de un Destino Turístico Inteligente de SEGITTUR otorga especial importancia a los mecanismos y medidas que maximicen la colaboración público-pública, público-privada o la participación ciudadana y del turista, valorándose, por ejemplo, la existencia de órganos de cooperación en los que esté presente el sector, los procesos consultivos de planificación, las herramientas o plataformas de participación ciudadana o la integración del turista en la cadena de valor turística. Esta metodología valora por tanto muy positivamente la gobernanza de un destino, tanto que sin ella, un destino no podría considerarse “inteligente”.

 

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No podemos esperar que, como por arte de magia, un destino se transforme en un Destino Turístico Inteligente sin contar con el apoyo y pleno convencimiento del conjunto de actores que intervienen en él. Los planes de mejora deben aplicarse por igual al espacio público y al privado con el fin de garantizar la cobertura de necesidades del turista a lo largo de todas las fases del viaje.

Una entidad local podrá centrar todos sus esfuerzos en mejorar el espacio público pero, evidentemente, el sector privado deberá incorporar las mejoras necesarias que giren en torno a los mismos pilares. De nada servirá que un destino sea accesible, innovador, tecnológico y sostenible únicamente en los espacios públicos; si un turista pierde la percepción de estas cualidades tan pronto cruza la delgada frontera entre el espacio turístico público y el privado, ¿pensará que el destino en su conjunto está preparado?

Esto mismo podría suceder en sentido contrario. En ocasiones, el empresario turístico es el principal promotor de una adaptación a las necesidades del entorno y se preocupa de que en su ámbito de actuación, su hotel, su restaurante, su autobús, su página web, etc. se den las mejores condiciones de accesibilidad, eficiencia energética, facilidades tecnológicas o soluciones innovadoras. No obstante, si sus esfuerzos no van acompañados de medidas de carácter público que afecten al entorno, difícilmente podrá ser considerado de forma integral como un Destino Turístico Inteligente.

Asimismo, el modelo de Destino Turístico Inteligente, al igual que necesita de la máxima colaboración público-privada, debe ser compartido por todas las áreas públicas de su ámbito territorial. Es necesario e imperativo que los gestores comprendan que, pese a ser una iniciativa centrada en el aspecto turístico de un espacio, su desarrollo e implementación sobrepasa los límites competenciales del turismo. La transversalidad de las actuaciones necesarias requiere máximo consenso y participación de la totalidad de departamentos. Por este motivo, la visión unívoca de un proyecto de esta envergadura debe ser construida entre todas las áreas o departamentos de una entidad local. Turismo, medioambiente, urbanismo, movilidad, sanidad, innovación, educación, cultura, patrimonio… son, por mencionar algunas, áreas troncales sobre las que girarán, de forma iterativa, todas las actuaciones incluidas en un adecuado plan de acción de un Destino Turístico Inteligente.

No obstante, el camino hacia este modelo no se recorre en un sprint; es una carrera de fondo, en la que el firme compromiso, la planificación y la gestión a largo plazo serán las únicas garantías de éxito. Algunas de las acciones requerirán grandes inversiones que abarquen varias anualidades; otras serán más inmediatas y económicas. La clave está en realizar un diagnóstico correcto y un plan de acción adaptado a las necesidades específicas de cada destino para que, con ello, se puedan priorizar las actuaciones en el tiempo y planificar el uso eficiente de los recursos. Por lo tanto, la definición de la hoja de ruta a seguir por cada destino será única, ya que no existe una fórmula mágica que garantice resultados por igual en los destinos. Sin embargo, sí existen ingredientes que maximizarán la probabilidad de alcanzar con éxito los objetivos propuestos y uno de ellos es, sin duda, apostar por la gobernanza en el destino.

Emprender un proceso de conversión en un Destino Turístico Inteligente exigirá hacer partícipes a todos los agentes del sistema turístico. No debemos olvidar que se trata de un proceso a largo plazo que requerirá de un compromiso compartido, de la máxima participación y de lograr una visión unívoca y consensuada de lo que debe ser el proyecto común.

Por tanto, será labor del ente gestor, como principal impulsor de una iniciativa de estas características, comunicar su estrategia, incluir al sector privado desde el inicio del planteamiento, sensibilizar sobre las necesidades y beneficios comunes y de cómo juntos, lograrán ser un destino turístico más inteligente.

Edurne Vidal
Jefe de proyecto en SEGITTUR
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