Los tiburones ya no nadan solos

Entre las anécdotas que pasarán a los anales de la historia de las curiosidades empresariales (y que figuran entre las preferidas por los profesores de ingeniería de medio mundo), destaca la que protagonizaron Henry Ford y C.P. Steinmetz a principios del siglo pasado.

En aquel período, la compañía Ford se enfrentaba a su incapacidad para hacer funcionar uno de los enormes generadores de su planta en River Rouge. Como sus ingenieros no conseguían detectar el problema, Ford decidió recurrir al matemático e inventor Steinmetz.

Cuentan que Steinmetz no quiso aceptar ninguna ayuda y no utilizó nada más que un cuaderno y una cinta métrica. Tras un par de días de cálculos, mediciones y observación, marcó con una tiza un punto exacto en el generador e indicó a los ingenieros que  suprimiesen 16 vueltas de bobina en ese preciso lugar. Al hacerlo, volvió a funcionar correctamente.

Cuando Ford recibió la factura de 10.000$ por el arreglo, sorprendido por el importe, pidió que se detallaran los conceptos de la misma, a lo que Steinmetz respondió:

Marca de tiza.…………………………………………………………….. 1$

Saber dónde hacer la marca……………………………………….… 9.999$

TOTAL……………………………………………………………….10.000$

Ford pagó.

 

Foto Ford

Steinmetz, Einstein y sus contemporáneos, en la Estación Marconi de Nueva Jersey (1921)

Más allá de la anécdota, no deja de ser curioso cómo una compañía de la talla de Ford, que sigue figurando entre las grandes multinacionales (y que por aquel entonces se disputaba con General Electrics, Philips o Siemens a los mejores ingenieros del mundo), tuvo que recurrir al talento externo para solucionar un reto técnico que comprometía el funcionamiento de toda una planta productiva.

También en la actualidad las grandes empresas se encuentran a menudo ante desafíos a los que no es posible dar respuesta desde una cultura corporativa enfocada exclusivamente a resultados y basada en la compartimentación de tareas y funciones. Acercarse al ecosistema de emprendimiento y startups ha demostrado ser una estrategia excelente para incorporar capacidades creativas, como ese “pensar fuera de la caja”, que está en el ADN de todo emprendedor.

Pero para explicar la proliferación de iniciativas puestas en marcha en los últimos años por corporaciones como Microsoft, Mercadona o Repsol, no basta con considerar que su atractivo se limita a unas aptitudes para resolver problemas desde planteamientos no convencionales. También su agilidad para adaptarse a las necesidades del mercado o su capacidad para personalizar los servicios gracias a la flexibilidad de sus estructuras y la rapidez en la toma de decisiones han contribuido a que las empresas dejen de considerarlos una amenaza externa y empiecen a verlos como sus semejantes.

En el caso del sector turístico, más que una opción esto ha demostrado ser una exigencia para los grandes actores que dominan un mercado enorme y en crecimiento. Basta con ver las previsiones de la OMT, que vaticinan que este año la cifra de turistas internacionales superará los 1.200 millones. Una gran tarta que se reparte entre dos gigantes, Priceline y Expedia,  en una merienda en la que apenas parece haber espacio (porque de márgenes va la cosa), para nuevos invitados.

Foto OMT

Con una estrategia de crecimiento y diversificación basada en la adquisición de compañías, la absorción de startups se está convirtiendo en una opción muy rentable para ampliar mercados y reforzar las ventajas tecnológicas.

Al margen de que la industria turística tienda a la consolidación de hiper-mediadores, parece común al resto de sectores el interés cada vez mayor no sólo de las grandes corporaciones, sino también de las pymes, por acercarse a las propuestas del ecosistema emprendedor.

Y es que al entrar en contacto, las empresas experimentan un efecto catalizador que, bien dirigido, contagia a los trabajadores y favorece los procesos de innovación abierta. Un ejemplo de ello lo constituyen los programas de intraemprendimiento puestos en marcha por compañías como Gas Natural, 3M, Telefónica o IBM, que buscan impulsar así una figura de empleado crítico, inquieto y resolutivo, que encuentre dentro de la empresa el espacio para desarrollar sus ambiciones profesionales.

Dice la RAE que ecosistema, esa palabra que tan manida empieza a estar (y este post habrá contribuido seguramente a ello), es “toda comunidad de los seres vivos cuyos procesos vitales se relacionan entre sí y se desarrollan en función de los factores físicos de un mismo ambiente”.

Sea colaborando con emprendedores independientes, sea incorporando sus metodologías o absorbiendo sus innovaciones, lo que parece claro es que en el ecosistema de la economía global los tiburones ya no nadan solos.

 

 

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2 thoughts on “Los tiburones ya no nadan solos

  1. Bravo Ana !!!!. Un gran post sobre el necesario e imprescindible aporte de aquellos que hasta hace bien poco vivían poco más que a la sombra de los gigantes empresariales. Estoy convencida de que la cultura emprendedora y especialmente el carácter inquieto de todos aquellos que son capaces de decidir en que lugar “hay que hacer la marca” cambiarán el ecosistema empresarial para siempre. Felicidades de nuevo.

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